Decidí coger el autobús en lugar de ir en la moto. Y mi
famosa buena suerte hizo lo suyo. A correr detrás del autobús se ha dicho. Mientras
pasaba la tarjeta por el lector electrónico buscaba un asiento libre, el viaje
iba para largo. Una vez estuve sentada saqué mi iPod del bolsillo y le di al play y salió Payphone. Como me gustaba esa canción.
Cuando me quise dar cuenta ya estaba llegando. La siguiente
parada era la mía. Me levanté y me dirigí a la salida pero justo cuando me
levanté se notó otro temblor. “En serio, ¿otra demolición?” pensé. No le di
mayor importancia y me bajé del autobús. La entrada del centro comercial estaba
frente por frente de la parada, de la parada en la otra dirección. Y otra vez
mi buena suerte salió a pasear. Justo cuando iba a cruzar se puso el semáforo
en rojo. No me importaba, no iba a llegar tarde. Una sonrisa se me escapó
cuando las vi. Allí estaban, las tres locas del barrio, dispuesta a revolucionarlo
todo. Y es que cada vez que me acordaba de cuando las conocí me empezaba a reír.
Fue un día de chiste, cuando me vine a Madrid y era la nueva. Recuerdo como
Sara se me acercó y me dijo:
-Tú eres la nueva y yo me llamo Sara. Vente con nosotras
que tienes pinta de no tener muchos amigos.- Iba con dos chicas más, Daniela y
Verónica, y se quedó más ancha que larga. Pero desde ese día, las cuatro fuimos
inseparables. Estuvimos juntas en los bueno y malos momentos, como cuando mi
hermano murió o como cuando el padre de Vero se fugó de casa. Lo que no te
destruye te hace más fuerte, y todas esas cosas nos hicieron más fuertes, nos
unieron más.
El semáforo ya se había puesto en verde y crucé. No me
habían visto y lo aproveché para pillarlas por sorpresa. Estando escondida,
justo al lado suyo:
-¡Buaaah!- grito que les pegué. Dani se empezó a reír
pero Sara y Vero estaban realmente asustadas. –Bueno, ¿qué película vamos a
ver?
-No lo sabemos, Noa.- dijo marcando bien el ‘Noa’. Sabía
demasiado bien cuál era mi punto débil.-Da ideas, Noa.
Su cara de satisfacción iba de oreja a oreja, pero decidí
hacer oídos sordos. Al final decidimos ir a ver Titanic, que por algún motivo
extraño la estaban volviendo a echar. No hace falta aclarar la cantidad de
lágrimas que soltamos entre las cuatro, y el escándalo que teníamos montado.
-¿Qué habéis hecho durante el verano?- dije, intentado
recuperar la compostura.
-Chiqui, espero que el tuyo haya sido más emocionante que
el mío. Porque vaya mierda de mes que he pasado en el pueblo.- No pude evitar
sentir compasión por Dani. Sus padres la tuvieron recluida todo el verano por suspender
Literatura.
-Pues el mío está siendo la re hostia, y todavía no ha
acabado.- Sara y sus delicadas formas para hablar.
-Con 10, ¿verdad?- dije. Era de esperar cual es su tipo
de verano especial.
-Ala, bruta, con 9 nada más.- y rompió a carcajadas. Al final
acabamos riéndonos todas.
Decidí apartarme un momento del grupo, para ir al
servicio. Aunque, en realidad, no tenía ganas. Simplemente, que los temas de conversación
de Sara, en ocasiones, me incomodaban. De camino a los aseos iba con la cabeza
gacha y no vi que iba derecha a chocarme con una persona. Y me choqué.
-Pero tú es que me sigues o qué pasa aquí. Esta mañana en
la panadería, ahora aquí.- Dije intentando no sonar nerviosa.
-¿Acaso me sigues tú a mí?- su voz sonaba más perfecta
cada día, y sí, con el delante me ponía siempre nerviosa.
