domingo, 25 de noviembre de 2012

Capítulo 1


            -Mamá, que no me apetece.- No sé como me las apañaba pero siempre me tocaba a mi  bajar a por el pan, a tirar la basura…
            -Ainhoa, o bajas ahora mismo a por el pan, o despídete de salir esta tarde con tus amigas.- Y como siempre mi madre se salía con la suya.
            “Genial, como las vacaciones de verano están siendo taaan entretenidas que pretende castigarme justo el único día que mis amigas están aquí, en Madrid. Será posible.” Pensé. Y mientras maldecía a todo y a todos me dirigí hacia mi habitación para quitarme mi pijama de Phineas y Ferb y ponerme la ropa de salir a la calle. Abrí la puerta del armario y contemplé lo que había en él. Estaba claro que necesitaba ir de compras, pero no había ganas de probarme cosas. Cogí lo primero que pillé: unos shorts vaqueros y una camiseta ajustada de tirantes blanca y encima una blusa de cuadros en tonos azules. Me lo puse y fui al zapatero. Miré que calzado tenía y me decanté por las Converse vaqueras. Mientras me ataba los cordones me puse a pensar en el poco tiempo que quedaba para poder volver a verle…
            -Ainhoa, ¡qué bajes de una puñetera vez a por el pan!- Definitivamente, la paciencia de mi madre se había agotado.
            Rápidamente espabilé y fui al baño a peinarme. Puf, iba siendo ya hora de cortarme un poco las puntas.  Cogí las llaves de casa, el dinero para el pan y par unas gominolas, mi iPod y salí por la puerta. Lo mejor fue que el  ascensor no funcionaba. Lo peor no era bajar, si no que luego me iba a tocar subir siete pisos. La panadería que me gustaba no me pillaba cerca del portal así que fui a por la moto al garaje. La moto. El mejor regalo de cumpleaños que me había hecho en toda la vida. La arranqué, salí del garaje. Era extraño, ningún semáforo funcionaba. ¿Acaso se había ido la luz en toda la ciudad y por eso tampoco funcionaba el ascensor? Bueno, daba igual, mi misión era comprar dos estúpidas barras de pan.
            Encontré un buen hueco para colocar la moto, aparqué y me bajé de ella. Estaba justo en la puerta de la panadería. En la cola había bastante gente y me tocó esperar bastante. Lo cual me dio lugar a escuchar música tranquilamente. En ese momentos sonaba Rock me de One Direction, mi grupo favorito. La cola avanzaba lentamente y me estaba empezando a cabrear. Siguiente canción, y siguiente y al fin llegó mi turno.
            -Dos barras de pan, por favor.- No sé por qué extraño motivo cuando hablaba con desconocidos me salía un tono de voz como más maduro. Me daba pena a mí misma.
            -Son setenta céntimos.- Y el viejo ese que tenían por dependiente seguía igual de borde que siempre.
            Con la bolsa en la mano me dirigí a la salida de la panadería cuando me crucé con él. Allí estaba, tan perfecto como siempre. Nos quedamos mirando, tipo escena de película cursi cuando notamos el primer temblor. El temblor que lo cambiaría todo.

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